Hay bombas que dan vida

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Las células cardíacas se ubican en el corazón, el cual funciona como una bomba que contribuye a la irrigación de sangre por todo el cuerpo

Alina Gabriela Monroy-Gamboa y Sergio Ticul Álvarez-Castañeda/CIBNOR/DICYT Los músculos dan vida, no solamente son para movernos también ayudan a que la sangre circule por todo el cuerpo. Es por ello que el principal músculo del cuerpo es el cardíaco, que como su nombre lo indica, se encuentra en el corazón. El corazón es un músculo presente en la mayoría de los seres vivos y se ha vuelto más complicado y eficiente a través del árbol evolutivo. En los artrópodos (son el filo más diverso en la fauna, incluye a los invertebrados), el corazón consta de una sola cámara, en todos los vertebrados presenta al menos dos cámaras (aurícula y ventrículo). Los mamíferos tenemos cuatro cámaras, cada una de ellas es una bomba diferente. Las cuatro bombas se dividen en dos aurículas y dos ventrículos. Cada par de bombas, derecha e izquierda corresponde a un sistema de circulación sanguínea diferente.

El corazón como todos los músculos del cuerpo puede trabajar a diferente ritmo. Puede incrementar fuertemente el ritmo cuando el organismo necesita que la sangre trasporte más oxígeno y nutrientes a las células (cuando un individuo realiza un ejercicio prolongado) o puede disminuir cuando las necesidades sean menores. Ocurre una disminución en la actividad del corazón y por consecuente en la cantidad de sangre que se desplaza durante la hibernación. Durante esta etapa, el organismo reduce su actividad al mínimo con la finalidad de disminuir el consumo de reservas alimenticias por la falta de alimento en el ambiente. En este caso el músculo cardíaco sigue funcionando a un menor ritmo debido a que no tiene que bombear sangre a todas las regiones del organismo con la misma regularidad, sino que se restringe a las regiones vitales del cuerpo, esto también tiene como efecto disminución en la temperatura corporal, existiendo partes del cuerpo, especialmente en las extremidades en las cuales mantiene muy bajas temperaturas. En contraparte, los músculos esqueléticos y gran parte de los lisos deben permanecer en reposo, inmóviles por los meses de hibernación y guardar la suficiente energía, para cuando se reactive nuevamente, sean capaces de poder salir a forrajear o cazar. Estas adaptaciones se pueden lograr gracias a que los músculos cardíacos tienen contracciones involuntarias controladas por el sistema nervioso y el endócrino.

Los músculos del corazón son diferentes a los del resto del cuerpo, están formados por células llamadas cardiomiocitos. Son células mononucleadas (un solo núcleo al centro) ramificadas que miden 80 micrómetros -unidad que representa la milésima parte de un milímetro- de longitud y 15 micrómetros de ancho aproximadamente. Presentan estrías transversales lo que las asemeja a las células musculares esqueléticas, pero las cardíacas no se anclan por tendones a los huesos. Las células del corazón tienen su propio esqueleto, cada uno formado por una malla de proteínas que dan estructura a las células, llamado citoesqueleto. La capacidad de contracción y dilatación de las células del corazón es posible por la presencia de filamentos del conjunto de actina y miocina, así como bandas claras compuestos solamente de actina. El sarcolema (membrana plasmática) se repliega hacia adentro para formar túbulos transversales de entre 5 y 20 micrómetros de diámetro.

Las células musculares del corazón son coordinadas por el sistema nervioso autónomo que ajusta frecuencia y fuerza según la necesidad de sangre, sin embargo, el ritmo lo marcan miocitos especializados que funcionan como marcapasos. La frecuencia cardíaca también se ajusta hormonalmente. Una vez emitida la señal de contracción de las células musculares del corazón, ésta es recibida por los discos intercalares (conjunto de complejos de unión de desmosomas y uniones adherentes) que permiten que la acción se transmita a todas las demás células (cardiomicitos) lo que se denomina como sincitio cardíaco. El sincitio cardíaco es diferente entre las dos bombas ventriculares y las auriculares, debido a que trabajan en tiempos diferentes.

Las células musculares del corazón tienen muy pocas reservas de energía en forma de glucógeno y son de movimiento periódico, por lo que su energía la toman de la fosforilación oxidativa, razón por la que necesita gran cantidad de oxígeno para su funcionamiento. La contracción de las células se realiza por un cambio de iones del interior al ecterior de la célula y viceversa, principalmente a la rápida entrada de sodio al espacio extracelular, debido a que cuenta con canales que liberan una gran cantidad de calcio a través del retículo sarcoplásmico y del sistema sarcotubular (conjunto de membranas que cubren las células). El conjunto de las células musculares de los ventrículos produce una contracción 15 veces más potente que en el músculo estriado; en el caso de los humanos, una contracción cada minuto que contrasta con la de una musaraña que lo hace 1,200 veces por minuto en su estado normal y sin alcanzar la fatiga.

Los músculos cardíacos al igual que el resto de los músculos necesitan ejercitarse; no hay ejercicios específicos para ellos, pues esto sucede en la mayoría de los casos cuando lo hacemos con los demás músculos. Al realizar actividad física el corazón aumenta su ritmo, en consecuencia, se contrae más veces y así se ejercita, impidiendo que se atrofie y tenga un mal funcionamiento.

Para darle mantenimiento a nuestra bomba interior, debemos realizar actividad física para que no “explote” o deje de funcionar, manteniéndonos vivos.

Autores

Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, S. C. Instituto Politécnico Nacional 195, CP. 23205, La Paz, Baja California Sur, México. Email beu_ribetzin@hotmail.com (AGM-G), sticul@cibnor.mx (STA-C).

 

Fuente: https://www.dicyt.com/